miércoles, 5 de abril de 2017

Islamofobia epistémica en las ciencias sociales




















La "civilización" occidental


Islamofobia epistémica en las ciencias sociales

Ramón Grosfoguel

El racismo epistémico en su forma de islamofobia epistémica es una lógica fundacional y constitutiva del mundo moderno-colonial y de sus formas legítimas de producción de conocimiento.

Desde el siglo XVI, los humanistas europeos y los orientalistas occidentales han venido argumentando que el conocimiento islámico es inferior al de Occidente.

Los debates sobre los moros en la España del siglo XVI estaban llenos de concepciones islamofóbicas epistémicas (Perceval, 1992; 1997).

Luego de la expulsión de los moros a principios del siglo XVII, la interiorización de los "moros" continuó siguiendo un discurso islamofóbico epistémico.

Pensadores europeos de influencia en el siglo XIX, como, por ejemplo, Ernst Renan, "...argumentaban que el Islam era incompatible con la ciencia y la filosofía" (Ernst, 2003: 20-21).

De manera similar, en las ciencias sociales tenemos manifestaciones concretas de islamofobia epistémica en el trabajo de las teorías sociales clásicas de las ciencias sociales patriarcales centradas en Occidente, como Karl Marx y Max Weber.

Como dice Sukidi:

“El Islam, siguiendo a Weber, era el polo opuesto al calvinismo.

No había un doble filo en la predestinación del Islam.

 Por el contrario, como manifiesta Weber en su Ética Protestante (cap. 4, n. 36), el Islam contiene una creencia en la predeterminación, no en la predestinación, que concierne al destino de los musulmanes en este mundo, no en el próximo.

La doctrina de la predestinación de los calvinistas, que los condujo al trabajo duro como una obligación (vocación, inclinación), no se evidencia entre los musulmanes.

En realidad, decía Weber, 'lo más importante, la prueba de un creyente en la predestinación, no jugaba ningún papel en el Islam'.

Sin el concepto de predestinación, el Islam no podía dar creyentes con actitud positiva hacia las actividades mundanas.

En consecuencia, los musulmanes están condenados al fatalismo.

Las racionalizaciones sobre la doctrina y la conducta de vida eran ajenas al Islam.

Weber utilizó la creencia en la predestinación como concepto clave para explicar la racionalización de doctrina y conducta de vida.

En el calvinismo, la creencia en la predestinación podía ciertamente generar un rigor ético, un legalismo y una conducta racional en las actividades mundanas.

Nada de esto se encuentra en el Islam. Por consiguiente, la creencia del Islam en la predestinación no condujo a la racionalización de una doctrina y una conducta de vida.

En verdad, convirtió a los musulmanes en fatalistas irracionales.

El 'Islam', según Weber, 'se desvió completamente de toda conducta de vida realmente racional con el advenimiento del culto a los santos y, finalmente, por arte de magia'” (Sukidi, 2006, p. 197-200).

Si seguimos la lógica de Weber hasta sus últimas consecuencias, es decir, que los musulmanes son irracionales y fatalistas, entonces ningún conocimiento serio puede provenir de ellos. ¿Desde qué geopolítica del conocimiento piensa Weber acerca de los musulmanes?

La geopolítica del conocimiento es la islamofobia epistémica de los
orientalistas franceses y alemanes que se repite en el veredicto de Weber sobre el Islam. Para Weber, sólo la tradición cristiana es la que hace surgir el racionalismo económico y, así, al capitalismo moderno occidental.

El Islam no puede comparase con la "superioridad" de los valores occidentales en cuanto carece de individualidad, de racionalidad y de las ciencias.

Las ciencias racionales, y su derivado, la tecnología racional, son, de acuerdo con Weber, desconocidas en las civilizaciones orientales.

Estas manifestaciones resultan bastante problemáticas.

Estudiosos como Saliba (2007) y Graham (2006) han demostrado la influencia de los desarrollos científicos del mundo islámico en Occidente, tanto en las ciencias como en la filosofía moderna.

La racionalidad era un principio central de la civilización islámica.

Mientras Europa se hallaba en la superstición feudal oscurantista conocida como Edad Media, la Escuela de Bagdad era el centro mundial de la creatividad y la producción científica e intelectual en el mundo durante varios siglos.

Los desarrollos de la civilización islámica en la astronomía (concibieron que la tierra no es el centro del universo 800 años antes que occidente), la medicina, la biología, la física, la química, la matemática, la arquitectura y la filosofía (tradujeron y difundieron los filósofos griegos en el mundo cristiano europeo antes de 1492) fueron fundamentales para el mundo.

La deuda de occidente con el Islam es enorme, al punto de que para poder situarse a partir de 1492 como centro imperial y superior racialmente del mundo se vieron obligados ocultar esta historia y a inventar una narrativa historiográfica eurocéntrica que haga de occidente origen y centro de la producción de conocimiento del mundo.

De ahí la invención y apropiación desde el siglo 17 de un origen occidental fundado en la civilización griego del siglo V antes de Cristo (Bernal, 1991). La visión acerca del Islám de Weber y de sus mentores orientalistas reproduce la islamofobia epistémica en la que los musulmanes son incapaces de producir ciencia y de tener racionalidad, a pesar de la apabullante evidencia histórica  contraria.

Hallamos el mismo problema de islamofobia epistémica en Marx y en Engels. Aunque Marx pasó dos meses en Argelia en 1882, recuperándose de una enfermedad, no escribió casi nada sobre el Islam.

No obstante, Marx tenía una visión orientalista racista epistémica de los pueblos no occidentales en general, sobre los cuales escribió profusamente (Moore, 1977).

Aún más, su estrecho colaborador, Frederick Engels, escribió acerca de los musulmanes y repitió los mismos estereotipos racistas que Marx utilizaba en contra de los "orientales".

Hablando de la colonización francesa en Argelia, Engels decía: "En nuestra opinión, y en general, resulta muy afortunado que el jefe árabe haya sido capturado. La lucha de los beduinos no tenía salida; aunque la forma en la que crueles soldados como Bugeaud llevaron a cabo la guerra es muy censurable, la conquista de Argelia es un hecho importante y afortunado para el progreso de la civilización.

La piratería de los estados barbáricos, que nunca interfirieron con el gobierno inglés siempre que no perturbaran sus embarcaciones, no podía ser sofocada sino mediante la conquista de uno de esos estados.

La conquista de Argelia ya ha forzado a los Beys (reyes) de Túnez y de Trípoli, y hasta al Emperador de Marruecos, a ingresar en el mundo de la civilización. Fueron obligados a encontrar otros trabajos para su pueblo que no sea la piratería.

Y si bien lamentamos que la libertad de los beduinos del desierto haya sido eliminada, no debemos olvidar que estos mismos beduinos eran una nación de ladrones - cuyo principal medio de vida consistía
en incursionar entre ellos o en poblaciones establecidas, llevándose lo que encontraran, burlándose de todos aquellos que se resistían y vendiendo a los prisioneros que quedaban como esclavos.

Todas estas naciones de bárbaros en libertad lucen muy orgullosos, nobles y gloriosos a la distancia; pero, con solo acercarse a ellos, uno encuentra que, al igual que las naciones más civilizadas, están dominados por la sed de riquezas pero emplean medios más crueles y más groseros para lograrlas.

Después de todo, el burgués moderno con civilización, industria, orden y, al menos, una relativa ilustración en su haber, es preferible a un ladrón merodeador feudal, en la sociedad en estado de barbarie a la que pertenece"3.

La opción de Engels es muy clara: apoyar la expansión colonial y dar paso a la Civilización Occidental, aunque sea burguesa y cruel, para poder superar el estado de "barbarie". La superioridad racial de
"Occidente por sobre todo el resto" y, en especial, por encima de los
musulmanes, es muy clara en estas manifestaciones. Hablando de India, el fanatismo irracional de los musulmanes se expresa en la siguiente cita de Engels:

"La guerra de los insurgentes comienza ahora a tomar la característica de los Beduinos de Argelia contra Francia; con la diferencia de que los hindúes están muy lejos de ser tan fanáticos, y que no constituyen una nación de jinetes"4.

Si quedaran dudas sobre la visión que Marx compartía con Engels sobre la inferioridad de los musulmanes y de otros pueblos "no occidentales" respecto de Occidente, la siguiente cita es una confirmación de ello:

"La cuestión no es si los ingleses tienen o no derecho a conquistar la India sino si nosotros preferimos una India conquistada por los turcos, los persas o los rusos a una India conquistada por los británicos.

Inglaterra tiene que cumplir con una doble misión en la India: una de ellas es destructiva, la otra, de regeneración -aniquilando la vieja sociedad asiática y sentando las bases materiales de la sociedad occidental en Asia.

Los árabes, turcos y mongoles que sucesivamente invadieron India, pronto fueron hinduizados, los conquistadores bárbaros siendo ellos mismos conquistados por una civilización superior a ellos, la eterna ley de la historia.

Los británicos fueron los primeros conquistadores superiores y, por tanto, inaccesibles a la civilización hindú.

No está lejano el día en el que mediante una combinación de ferrocarriles y barcos a vapor, la distancia entre Inglaterra y la India, medida en tiempo, se acorte a ocho días, y un país otrora fabuloso se vea así anexado almundo occidental…"5.

Marx no alojaba muchas esperanzas en el espíritu proletario de las masas musulmanas cuando afirmó, en relación a la expansión del Imperio Otomano en los territorios de Europa Oriental:

"El principal poder de la población turca en Europa, independientemente de ser una reserva siempre disponible a ser traída desde Asia, yace en el populacho de Constantinopla (Estambul) y en otras pocas ciudades grandes: es esencialmente turco, aunque encuentre su principal fuente de supervivencia realizando tareas para capitales cristianos, mantiene con gran celo su
superioridad imaginaria y la real impunidad de excesos que los privilegios del Islam le confieren, en comparación con el cristianismo.

Es ya bien sabido que este populacho, en todos los golpes de estado importantes, tiene que ser ganado con coimas y con adulación.

Es tan solo este populacho, con la excepción de unos pocos distritos colonizados, el que ofrece una masa compacta e imponente de población turca en Europa.

Ciertamente, tarde o temprano habrá una necesidad absoluta de liberar a una de las más selectas partes de este continente del dominio de este populacho, comparado con el cual, el de la Roma Imperial era una colección de héroes y sabios”6.

Para Marx y Engels, al igual que para Weber, los musulmanes de origen turco eran una muchedumbre de ignorantes que hacían que el
populacho de la Roma Imperial apareciera como sabios.

Convocaba a una lucha de liberación en contra de las muchedumbres musulmanas en Europa.
Por consiguiente, para Marx, la civilización occidental era superior; así, convocaba a los musulmanes no occidentales a civilizarse.

Dentro de esta perspectiva racista eurocentrista, es mejor la expansión colonial occidental que dejar intactos a los bárbaros inferiores en un escenario atemporal.

Marx era un esencialista orientalista que desconfiaba de los musulmanes y estaba convencido de los rasgos xenofóbicos inherentes al Islam; sobre el colonialismo occidental, escribió, de modo apologético:

"Dado que el Corán trata a todos los extranjeros como enemigos, nadie se atreverá a presentarse en un país musulmán sin haber tomado sus precauciones.

Los primeros mercaderes europeos, entonces, que probaron suerte en el comercio con esas gentes, procuraron asegurarse un tratamiento excepcional y privilegios originalmente personales que luego extendieron a la totalidad de su país.

He ahí el origen de las capitulaciones"7.

Repitiendo el típico racismo epistémico de la visión orientalista de su tiempo, Marx dijo:

"El Corán y la Legislación Musulmana que de él emanan reducen la geografía y la etnografía de los diversos pueblos a una simple distinción conveniente de dos naciones y dos países: los de los fieles y los de los infieles.

El infiel es "harby", o sea, el enemigo.

El islamismo condena a la nación de los infieles, sentando un estado de permanente hostilidad entre musulmanes e infieles”8.
Estas simplificaciones reduccionistas y esencialistas del Islam a partir de una perspectiva Occidentalo-céntrica y de un judeo/cristianocentrismo formaba parte del racismo epistémico de los orientalistas europeos y de un paternalismo condescendiente para con el pensamiento islámico del cual Marx no podía ser una excepción.

Marx creía que el secularismo era fundamental para la revolución, para poder tener una oportunidad en tierras musulmanas. Y afirmó:

"...si se anulan los sujetos bajo el Corán, mediante una emancipación civil, se cancela al mismo tiempo su sujeción al clero, y provoca una
revolución en sus relaciones sociales, políticas y religiosas … Si se suplanta el Corán con un código civil, se debe occidentalizar toda les
estructura de la sociedad bizantina"9.

Esta visión secularista de Marx constituía una estrategia colonial típica promovida por los imperios occidentales para destruir las formas de vida y de pensamiento de los sujetos coloniales y, así, impedir cualquier traza de resistencia.

Al argumentar que los musulmanes estaban sujetos a la regla de una "religión", Marx proyectó en el Islam la cosmología de la visión cristianocentrista-eurocentrista secularizada.

El Islam no se considera a sí mismo como una religión en el sentido occidentalizado y cristianizado de una esfera separada de la política, la economía, etc.

El Islam es más una cosmología que sigue la noción de "tawhid", que es una doctrina de unidad, una visión holística del mundo, que la visión modernocolonialcartesiana eurocentrista del mundo destruyó en Occidente y que con su expansión colonial intentó destruir también en el resto del mundo.

La práctica de la cristianización colonial en el temprano período modernocolonial y el secularismo posterior de la expansión colonial de finales del siglo XVIII fue parte del "epistemicidio" y del "espiritualicidio"; es decir, la exterminación de la espiritualidad no occidental y las formas del conocimiento practicadas no occidentales por medio de la expansión colonial europea.

El “epistemicidio” y el “espiritualicidio” hicieron posible la colonización de los cuerpos y las mentes de los sujetos coloniales.

Si Marx y Weber son teóricos clásicos de las ciencias sociales, las ciencias sociales occidentales se nutren de los prejuicios islamofóbicos y del eurocentrismo epistémico.

Descolonizar las ciencias sociales occidentales implicaría la realización de varios procesos importantes que no podemos pasar a detallar aquí.

Pero uno de ellos sería expandir el criterio de la teoría social para incorporar como componente central las contribuciones tanto de los teóricos sociales no europeos como de las teorías sociales de los europeos descolonizados, tal como Boaventura de Sousa Santos, Ali Shariati, Anibal Quijano, Silvia Rivera Cusicanqui, W.E.B. Dubois, Esteban Ticona, Fausto Reinaga, Silvia Wynter y otros teóricos y filósofos sociales que piensan desde el reverso o el lado oscuro de la modernidad, es decir, desde el lado subalterno de la diferencia colonial.

Incorporar a estos pensadores no es una cuestión de multiculturalismo epistémico sino de la fundación de ciencias sociales descoloniales pluri-versales (opuestas a uni-versales) y más rigurosas.

Ali Shariati en particular es un científico social islámico que produjo importantes críticas a los teóricos sociales occidentales como Marx.
Pero lo que he dicho sobre el racismo epistémico hacia el Islam aplica también para los indígenas en las Américas. De ahí que nunca tomemos en serio los pensadores y pensadoras indígenas y mucho menos incluirlos en un currículo de un curso en ciencias sociales.

Pero, ¿no es que existe solamente una ciencia social y no diferentes ciencias sociales? Lo que en la actualidad llamamos ciencias sociales son una particular tradición masculina occidental provinciana de pensamiento que define para todo el resto lo que son las ciencias sociales y lo que es el conocimiento universal, verdadero y válido.

Para descolonizar las ciencias sociales provincianas occidentalizadas
necesitamos entrar en un diálogo horizontal inter-epistémico global entre científicos sociales de diferentes tradiciones epistémicas de pensamiento para refundar una nueva ciencia social descolonial producida de un modo pluriversal (donde muchas tradiciones de pensamiento a través de diálogos inter-epistémicos definen universalmente para todos) en lugar del actual modo universalista (donde una tradición particular, en este caso, la de los hombres occidentales, define provincial e imperialmente para todos).

No es tarea fácil y no podemos entrar en detalles de lo que ello implica en este artículo.

No obstante, la transformación de universalismo a pluriversalismo en las ciencias sociales es fundamental para salirse del marco en el que uno define para todo el resto (uni-versalismo de las ciencias sociales coloniales) hacia un nuevo paradigma en el que la producción de conceptos y de conocimiento es el resultado de un verdadero diálogo universal, horizontal e inter-epistémico (pluri-versalismo de las ciencias sociales descoloniales).

No es éste un llamado al relativismo sino a pensar en la universalidad como pluriversalidad; es decir, como el resultado de la interacción inter-epistémica de modo horizontal entre varias tradiciones críticas de pensamiento en vez de las actuales ciencias sociales universalistas mono-epistémicas, monoculturales en interacción imperial-coloniales con el resto del mundo (Grosfoguel, 2008c).

Fuente:
Revista ASTROLABIO, ISSN 1668-7515
nueva época. NÚMERO 6, 2011
ISLAMOFOBIA EPISTÉMICA Y CIENCIAS SOCIALES COLONIALES
EPISTEMIC ISLAMOPHOBIA AND COLONIAL SOCIAL SCIENCES1
Ramón Grosfoguel
Ramón Grosfoguel es Profesor Asociado de Estudios Étnicos en la Universidad de California, Berkeley, y Principal Investigador Asociado de la Maison des Sciences de l´Homme de Paris. Ha publicado numerosos artículos y libros sobre la economía política del sistema mundial y sobre las migraciones de caribeños a Europa y los Estados Unidos de Norteamérica.
grosfogu@berkeley.edu


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